Es sorprendente como es que la tecnología va cambiando la manera en que vivimos.
Tal vez para mi edad (29 años), no sean tanto como los que tuvo la dichosa “Generación X”,
ya que como muchos viejos de mi edad recordamos, nos tocó todavía aprender a
escribir en máquina de escribir, en mi caso, todavía alcance a conocer y ver una
película en formato Beta, la transición del casete al CD y DVD y estos últimos al
formato digital.
No sé si afortunadamente no llegue a hacer contabilidad como
se hacía antes, a mano y en esas
enormes hojas tabulares que siempre nos presumían los maestros, con unas formas
especiales para doblarlas y presentarlas.
Precisamente lo digital es el motivo de esta reflexión. Ha significado
una revolución, ya que hemos llegado al grado de no tener la necesidad de salir
de casa para nada. Si queremos jugar, lo podemos hacer con nuestros amigo y/o
desconocidos en línea, ya no son necesarias las filas de los bancos, porque se
pueden hacer pagos por internet, que quiero aprender algo, busco muy rápido a Google
o un tutorial en YouTube, al grado de que una carrera la puedes estudiar en línea.
Que quiero deshacerme de una bici vieja que tengo pero quiero sacarle alguna
ganancia, la vendo por Internet, y concretada la venta, viene el servicio de paquetería
y se la lleva. Que tenemos hambre, busca en una aplicación especializada y
llega a la puerta de mi casa, sin que interrumpa la película que veo en alguna
plataforma de video.
Se abren nuevas posibilidades de trabajo y otras se cierran,
así es el progreso, hay que estar preparado y el cambio. La pregunta es, ¿hasta
qué grado llegara este progreso?, ¿llegara algún día en que el trabajo del
hombre ya no sea indispensable?, sí llega la singularidad tecnológica, ¿qué nos
depara?, ¿Sera algo de temer o no?...
¿y sí si?...
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