martes, 24 de abril de 2018

Es sorprendente como es que la tecnología va cambiando la manera en que vivimos.
Tal vez para mi edad (29 años), no sean tanto como los que tuvo la dichosa “Generación X”, ya que como muchos viejos de mi edad recordamos, nos tocó todavía aprender a escribir en máquina de escribir, en mi caso, todavía alcance a conocer y ver una película en formato Beta, la transición del casete al CD y DVD y estos últimos al formato digital.
No sé si afortunadamente no llegue a hacer contabilidad como se hacía antes, a mano y en esas enormes hojas tabulares que siempre nos presumían los maestros, con unas formas especiales para doblarlas y presentarlas.
Precisamente lo digital es el motivo de esta reflexión. Ha significado una revolución, ya que hemos llegado al grado de no tener la necesidad de salir de casa para nada. Si queremos jugar, lo podemos hacer con nuestros amigo y/o desconocidos en línea, ya no son necesarias las filas de los bancos, porque se pueden hacer pagos por internet, que quiero aprender algo, busco muy rápido a Google o un tutorial en YouTube, al grado de que una carrera la puedes estudiar en línea. Que quiero deshacerme de una bici vieja que tengo pero quiero sacarle alguna ganancia, la vendo por Internet, y concretada la venta, viene el servicio de paquetería y se la lleva. Que tenemos hambre, busca en una aplicación especializada y llega a la puerta de mi casa, sin que interrumpa la película que veo en alguna plataforma de video.
Se abren nuevas posibilidades de trabajo y otras se cierran, así es el progreso, hay que estar preparado y el cambio. La pregunta es, ¿hasta qué grado llegara este progreso?, ¿llegara algún día en que el trabajo del hombre ya no sea indispensable?, sí llega la singularidad tecnológica, ¿qué nos depara?, ¿Sera algo de temer o no?...
¿y sí si?...
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